2013 - 2019
Mapas Mentales

Mapas como apuntes. Apuntes de recuerdos sin un inicio ni un fin evidente. Recuerdos que no poseen un desenlace claro, ni un motivo más allá de aspirar a lo que podría considerarse un ‘estado de deriva’; un movimiento libre, no por el espacio, sino por el tiempo —por los lugares temporales que marcan (estiran y transforman) el territorio. Lugares para la memoria.


i. Ojo de Agua

Poco me faltaba para volver a ese pensamiento, años atrás, surgido tras detenernos frente a esa gran roca a la mitad del camino. Una sensación fría en las manos, aún pequeñas, al pasarlas por su superficie, estudiando fijamente la capa de polvo que se había asentado en ellas (rozando los dedos para saborear el áspero residuo) y de ahí, otro pensamiento.

Bajando hacia el río —un camino en zig zag desde la casa de Ojo de Agua— pasando al lado de la piscina a mano izquierda (un espacio que ahora permanecía vacío como por regla) y, a la derecha, un gran cactus floreado, sin indicaciones de un inicio ni un fin, y cuyo único motivo parecía ser el de  amenazar el paso que ahora debía ser consciente y pausado.

Esa roca era una de las paradas que hacíamos al caminar por ahí: comenzábamos en el jardín de enfrente, siguiendo el camino de flores que llevaba hacía los árboles más grandes, hacia el palo de limones en busca del Icaco que crecía a uno de sus costados.

No sé cuantas veces probé por primera vez aquella fruta. Quizás así lo sentía porque cada vez que nos arrimábamos a coger una mi abuela comenzaba a contarnos las historias de su infancia y de como ella y sus hermanas solían pasar ahí trepadas, analizando su contenido blando —como algodón al tacto. Creo que en parte lo que me gustaba era oír esos cuentos y por eso nunca hice apunte alguno. Me gustaba como, al escucharla, lograba transportarme en el tiempo para existir, por unos segundos, dentro de ellos. Creo que fue a partir de ese momento que me volví un poco nostálgica, añorando con todo mi cuerpo volver a un tiempo que nunca conocí, extrañando las cosas que nunca había visto.

La fruta contenía mil historias, cargando en su pequeña superficie el paso de los años. El árbol, por otro lado, funcionaba como una referencia espacial importante, marcando el límite o el centro (dependiendo de lo que se buscase) y estableciendo con su espigada figura una geometría de la cual emanaban una serie de caminos a tomar. En ese contexto, lejos de la ciudad, eran los arboles, las rocas, el río, e incluso lo más pequeño (la fruta, flores y los insectos que allí vivían) aquello que marcaba como un compás el territorio.

Siguiendo nuestro camino, nos dirigíamos primero hacia la casa, a la entrada principal para continuar por el pasillo que llevaba directamente al pórtico trasero. Desde allí el río era tan solo una certeza, pues ya casi ni se veía a causa de los bambús enormes que se habían sembrado a su alrededor hacía quién-sabe-cuantos años.

Caminando por lo que ahora  era principalmente zacate (de ese que pica al rozar la piel) nos dirigíamos sobre la punta de los pies hacia abajo, tomando el tiempo para apreciar lo que había crecido por accidente.

En una de sus curvas se encontraba aquella piedra que mencioné al inicio. Porosa por su origen volcánico (como llego ahí, no sabría decir), esta piedra era ahora un monumento, bautizada con el nombre “piedra de los sacrificios”, en parte por su forma (plana por arriba) y por la posición que había adoptado con el tiempo (ligeramente inclinada hacia un lado). Parecía el lugar perfecto para llevar a cabo dichos rituales, o al menos esa había sido la conclusión; un hecho que me hacía pensar de manera insesante en lo acontecido (o imaginado) en esa misma roca, años atrás.

Su nombre, al igual que muchas de las historias que contaba mi abuela, era más ficción que otra cosa. Sin embargo, en ese momento (a los 8 años o a los 10), para mí todo eso era más real que lo que veía con mis propios ojos.

De la misma forma que recuerdo tan claramente esa gran piedra camino al río, recuerdo también elementos que formaban parte de otros semejantes; caminos que abarcaban más de un espacio dentro de esta breve geografía.